Capilla

 

 

 

No había terminado de resonar los últimos ecos del cincuenta aniversario, cansados aun de todo lo transcurrido, eufóricos por el trabajo bien realizado, cuando, sin querer, una mirada, un gesto, un guiño, una pregunta: ¿y ahora, qué?

Todos en sintonía, todos con la mente en nuestro Sagrado Titular, en nuestra sede canónica, en San Juan. Algo había que hacer, pues el deterioro era alarmante, sí, alarmante: la humedad, la polilla, el polvo, las grietas…

Pedimos consejo y después de un sin fin de idas y venidas, papeleos, dolores de cabeza, noches sin dormir, reuniones y más reuniones, nos decidimos a acometer nuestro gran proyecto: LA CAPILLA.

¿Teníamos todo lo necesario? Ganas no faltaban y un esbozo de proyecto, trazado a carboncillo sobre un papel cuadriculado de nuestro gran amigo y maestro D. Manuel Hijano Conde, ilusionado por nuestro hermano Juan Cunini, fue la mecha. ¿Y por qué no? Una capilla digna para nuestro Sagrado Titular sería el colofón.

Los pelos como escarpias, las miradas al cielo y en la mente el deseo de hacerlo realidad. Comencemos, pues, este gran proyecto.

Como toda gran obra que se precie, hay que tener una buena cimentación, estructura sólida y un sutil acabado.

La Iglesia nos abrió las puertas de par en par cuando se elaboró el proyecto, redactado y presentado ante el Obispado por el arquitecto D. José Luis Torres García; y nuestro Consiliario D. Juan Miguel González Rubio nos empujó, nos arrastró, nos cautivó con su tesón para realizarlo. Manos a la obra.

Fueron muchos los hermanos de ésta cofradía los que han participado en la realización de las obras de adecentamiento de la Capilla. Al principio manos temblorosas, cuando hubo que derribarla, pero al final esas manos, curtidas de tanto trabajar, se convirtieron en gráciles herramientas que dieron forma y repararon el lugar. Hermanos como Ramiro, José María, Sergio y tantos otros, pusieron su sudor, sus suspiros y sus lágrimas en esta fase.

Lagrimas de pesar, de sufrimiento, de indefensión, de… ¿estamos haciendo algún mal?, ¿nos hemos equivocado? ¿No está todo correcto?

Dejo unos momentos para la reflexión, pues fueron muchos los momentos amargos que se vivieron y que al final se solucionaron.

 

Ya está la pared preparada, lista para albergar a nuestro Sagrado Titular sin que las inclemencias exteriores deterioren esa obra maestra de Sánchez Mesa. Pero esto no se iba a quedar ahí, no.

Nuestro paisano, hermano y maestro escultor, D. José Casamayor, nos preparó el altar para nuestra capilla. Sus hábiles manos supieron esculpir en el frío mármol, las onduladas caídas de la sábana santa sobre la mesa. Parece emerger de la piedra, arropando el frágil cuerpo de Nuestro Señor.

Tras un tiempo de trámite, gracias a las aportaciones de los hermanos y de tantos anónimos que han pasado por delante, se iba a comenzar el remate final de la capilla.

D. Manuel Hijano Conde iba a dar todo lo que tenía para realizar un grandioso cuadro, en el que se viera reflejado todo su arte y todo su cariño hacia nuestra Cofradía, su Cofradía a partir de ahora.

 

Vimos el boceto a tamaño reducido de lo que sería la obra en sí y en nuestro interior ya lo veíamos plasmado en ese gran lienzo que arroparía toda la pared. Vimos esa combinación de colores, esas caras, esas ropas, esa luz, esas sombras… cada uno lo sentíamos en nuestro interior como algo sublime, algo…

No hay palabras para narrar la experiencia vivida, las guardo para mi interior, vivir esos trazos, esas marcas, las charlas, comentarios, vivencias, horas y horas de duro trabajo, tesón, pero sobre todo sin un mal gesto, siempre con la sonrisa en la boca, una explicación a las torpes preguntas de un servidor, ávido por conocer, por saber, por aprender.

Y por fin un 25 de Diciembre de 2009, todos los hermanos y amigos pudimos ver como Manolo estampaba su firma a los pies de la

Capilla, como culminación de esta gran obra de arte. Todos dieron su aprobación.

Y ahora quedaban los remates, lo que trae de locura en toda obra. ¿Cómo se iba a quedar terminada?

Fueron varios los proyectos presentados, debatidos, modificados y al final las manos de unos veleños de Pro como son los Hermanos Díaz Fernández (Félix y Antonio) supieron dar ese toque, para enaltecer, si cabe aún más, la Capilla de Nuestro Sagrado Titular. Los clavos y la corona, forman parte del conjunto, el escudo de la Cofradía y la Cruz de Tierra Santa, los eslabones de la cadena, para que nos sujete y sostenga, ese paso cortado abierto a la humildad. Y en medio un reclinatorio para orar por todos.

19 de Marzo de 2010, San José, día del Padre. Nuestro día. La Capilla del Santo Sepulcro está abierta para todos.

Loado sea el Señor.